LA PERDIDA DE LA INICIATIVA. “Definitivamente cantaré para el hombre. Algún día -después-, alguna noche, me oirán. Hoy van -vamos- sin rumbo, sordos de sed, famélicos de oscuro.” Blas de Otero. LO CARACTERISTICO DE LO HUMANO ES LA INICIATIVA. ¿Qué va a pasar?, ha sido la pregunta que ha inquietado a los españoles durante muchos años. Casi nadie se hacía esta otra pregunta: ¿Qué vamos a hacer? Esa actitud quedó superada hace veinticinco años. Los españoles decidieron tomar sus propias decisiones; ante ellos se abrían diversas posibilidades, que no estaban ahí, sin más, que no estaban “dadas”, sino que había que buscar, imaginar, ensayar. Lo más importante que sucedió en España desde esa fecha fue algo que, naturalmente, está ligado a la libertad política, pero que va más allá: la dilatación de la vida. Tuve la impresión de que en España se respiraba mejor; de que el horizonte parecía abierto, aunque no forzosamente despejado: los nubarrones formaban parte de él, había que enfrentarse con ellos, pero de manera activa, según quisiera cada uno. Los errores parecían probables -es la condición del hombre-, pero siempre con posibilidad de rectificación. La vida era entre nosotros más vida. La riqueza de la vida consiste en sus posibilidades y España se había súbitamente enriquecido, a pesar de todas las crisis económicas simultáneas. Sería ciego el que no viese que esa situación se ha alterado profundamente. El clima social español vuelve a recordar el de hace más de un cuarto de siglo, el que por un momento pareció pertenecer a un pasado que definitivamente había quedado atrás, y ya muy lejos. Hay en la sociedad española dosis muy altas de dos actitudes que, combinadas, me parecen peligrosas: irritación y resignación. La debilidad de los partidos españoles, su escaso arraigo, el reducido número de sus afiliados, todo ello ha llevado a no desear la flexibilidad y disponibilidad de la opinión nacional. Veían el peligro de que la opinión los abandone, no se sienta representada por ellos, no los encuentre incitantes y atractivos, busque otra cosa distinta de sus ofertas prefabricadas. Por eso les ha producido desde el principio irritación todo lo que significase verdadera libertad de elección, quiero decir elección de programas de vida, de cauces para que cada individuo o cada grupo social realice lo que en el fondo le parece verdaderamente deseable. La holgura, la capacidad de imaginar, ensayar, equivocarse, rectificar, buscar, ha sido mirada con hostilidad por los partidos deseosos de afianzarse, de ahormar la sociedad según sus ideas o convenciones particulares. Es sorprendente, casi increíble -lo hemos visto y no acabamos de comprenderlo-, cómo se consiguió introducir esta actitud en el partido que significaba esas posibilidades de holgura, imaginación, en suma, libertad -naturalmente no me refiero al partido que actualmente nos desgobierna-. Se indujo en su propio seno la desconfianza, yo diría la envidia de los males ajenos; la ambición, y todavía más la vanidad, hicieron el resto. Los españoles no quieren enfadarse. Todavía es verdad, pero es evidente que están empezando a irritarse. ¿Es esto malo? -se preguntará-. ¿No es la capacidad de irritación, hasta en la biología, signo de la salud de un organismo? Lo grave es la alianza de esa irritación con la resignación, con la creencia de que hay que aceptar los términos de la cuestión, tal como se plantea. En suma, el regreso a la vieja actitud de ¿qué va a pasar?, que implica que no podemos hacer nada, al menos, nada nuevo. Dicho con otras palabras, la pérdida de la iniciativa. Sí, la irritación es la reacción de un organismo sano, incluso de un tejido. Pero el hombre no es un organismo, ni individual ni socialmente. La característica de lo humano no es la reacción a los estímulos, sino la iniciativa, la posibilidad de iniciar conductas que van más allá de todos los datos, teniéndolos en cuenta pero sin que limiten la capacidad de imaginar, de plantear de manera nueva y original las cuestiones. Me parece esencial que cada uno de los españoles y la sociedad en su conjunto recobren la iniciativa y no renuncien a ella por nada que se les pueda ofrecer. Cuando pienso en la calidad de muchas cosas españolas, cuando mido las posibilidades que, en muchos campos, son nuestras, me parece inaceptable que nos resignemos, aunque sea sobre un fondo de irritación, a ser lo que nos propongan los que ofrecen formas de vida ensayadas mil veces, casi siempre fracasadas, y que en todo caso no suscitan nuestro deseo ni encienden nuestra imaginación: Y como dijo el poeta: “Lo que tú sabes de sobra / es que la iniciativa que se pierde / ya nunca más se recobra”. Francisco Arias Solis e-mail: aarias@arrakis.es URL: http://www.arrakis.es/~aarias Siempre podemos hacer algo por la Paz y la Libertad Aviso: Se ruega a los internautas que pongan en sus páginas el logotipo o banner de Internautas por la Paz y la Libertad que figura en la URL: http://www.arrakis.es/~aarias/internau.htm Gracias |