| Reflexiones... Mientras miro por TV las manifestaciones de repudio relacionadas con obras expuestas por parte de artistas plásticos en la ciudad de Córdoba y Buenos Aires, pienso en la relatividad del tiempo y en la ambigûedad de lo que la palabra “moral” representa para algunos. Me pregunto sobre la ferocidad que impulsa a los represores, que efectúan atrocidades a lo largo de la historia, envueltos en la bandera que legitima el poder del más fuerte. O se piensa como ellos, o no se piensa. El fanatismo es la mas peligrosa de las bestias. La figura que habla a través del televisor, deja en claro que no está dispuesta a escuchar otra razón más que la propia. Cada uno defiende sus intereses, con los argumentos que puede. Miro sus facciones contraídas, la mandíbula adornada por un tic nervioso, e imagino a ese hombre cumpliendo igual oficio pero en otra época: la adusta figura del inquisidor del siglo XVI. Mientras observo impotente el triste espectáculo, en donde se priva a los argentinos del legítimo derecho al goce de la expresión en el arte; pienso que a la iglesia se le van los fieles y busca el impacto mediático. El escándalo les permite reagruparse. No parece casualidad dos escándalos del mismo tenor, en tan poco lapso de tiempo. Un recurso vil, pero efectivo. El intendente de la ciudad de Córdoba afirmó en sus declaraciones que todo aquello que ofenda la integridad moral de un grupo, deberá ser retirado de los espacios públicos. Me pregunto, la Catedral, símbolo del genocidio colonizador, ¿no ofenderá a los descendientes de aquellos que padecieron la hipocresía del Requerimiento? ¿Qué medidas tomará al respecto el intendente? Creo que el tema nos lleva a la reflexión... Personalmente me siento agraviada ante la etiqueta que me imponen como argentina, de pertenecer a la religión católica, apostólica y romana, ya que yo no los voté. No profeso ningún culto más que el respeto por los otros y no tengo nada de italiana, tanto menos de romana, sino que soy bien cordobesa, nacida en esta ciudad. Ante las continuas muestras de intolerancia y atropellos por parte de la iglesia católica, y recordando las atrocidades por la misma cometida a lo largo de los años (cruzadas, inquisición, venta de indulgencias, explicaciones doctrinales amenazantes y coercitivas que insisten en amenazas que trascienden el más allá, buscando de confundir las mentes de las personas, con sus alocadas y anti naturales teorías de la concepción, poniendo en riesgo la integridad de los jóvenes con su oposición a la educación sexual) creo sea menester reveer los contratos fundacionales en los que se basa la nación argentina. Es nuestro deber como pueblo, lograr una identidad real basada en el respeto, utilizando la educación como herramienta eficaz para que una vez por todas, aprendamos a no renegar y hacernos cargo, de nuestra propia historia. Mariana Carranzani
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